30 de enero de 2008

La relación EE.UU. - Asia

REFLEXIÓN A CERCA DE LAS RELACIONES EEUU-ASIA

Por Cristina Fernández

Hoy la Región Asia Pacífico es uno de los principales centros de atención del mundo, no solo por su extraordinaria expansión económica y por el modo en que este área afecta de forma creciente la economía global, sino por que además, se trata de la zona donde en la actualidad se esta librando la lucha geoestratégica que determinará quien o quines ostentarán la hegemonía mundial en el futuro.

Todas las grandes potencias ( EEUU, Europa, Rusia) están dirigiendo su mirada al acontecer político, económico, social y militar que se desarrolla en la región, al mismo tiempo que preparan y acondicionan lo mejor que pueden sus capacidades, con el fin de favorecer el dominio de sus intereses en la futura lucha por la supremacía mundial; en definitiva lo que podemos observar es un juego de estrategias, en el que cada actor se esfuerza por aprovechar las oportunidades que se les presentan; los grandes se van reforzando sin tensar demasiado una cuerda, que de romperse podría ocasionar un conflicto de gravísimos efectos; mientras los poderes mas pequeños, o con potencial para serlo, juegan sus bazas alineándose con precaución dentro del panorama político, económico y militar asiático.

La lucha contra el terrorismo, por ejemplo, le ha otorgado a EEUU la oportunidad de emplear este temor para intentar uniformar el mundo en lo político, asumiendo el papel de líder único del planeta y expandiendo paulatinamente su ámbito de influencia: en Oriente Medio después de la guerra del Golfo; en Europa oriental tras la guerra por Kosovo; y el control de Asia central con la guerra en Afganistán.

Lo anterior le ha permitido contener a Rusia y China, a la vez que controlar a Europa y Japón, y es que desde nuestro punto de vista, EEUU no pretende renunciar a la búsqueda de la hegemonía mundial o a imponer patrones geopolíticos como parte de su lucha contra el terrorismo; EEUU, busca posibles rivales , y con el fin de garantizar su posición en el sistema, emplea las estrategias precisas para controlar a sus competidores reales o potenciales, y en el presente, Asia- Pacífico alberga a un rival muy peligroso a ojos de los norteamericanos, así como conflictos, que por un lado le interesa controlar para evitar la desestabilización de la zona, pero que al mismo tiempo le permiten justificar su presencia regional y mantenerse como un actor necesario o al menos tolerado dependiendo de la perspectiva del estado al que nos refiriéramos.

Por tanto, pese a los factores de acercamiento forzado que pudieran existir por intereses comunes derivados de la lucha antiterrorista, existen también múltiples aspectos que pudieran llevar el futuro de la región y del mundo, a un conflicto de mayor envergadura .

Se diría que abundan los factores que pueden dar lugar a conflictos, uno de ellos, por ejemplo, es el asunto de Taiwán, que no ha cambiado en lo fundamental después del 11S. EE.UU. ha renovado lazos con este país no reconocido por China, tratando de no perjudicar a su vez las relaciones con Beijing, sino que por el contrario, buscando fortalecerlas. Difícil tarea, porque China no parece tener intención alguna de renunciar a la reconquista de la isla pues se trata de un objetivo de carácter nacional.

China está decidida a reducir la influencia estratégica de Estados Unidos en el conjunto de Asia y no sólo en el estrecho de Taiwán

. Beijing no sólo busca contrarrestar la expansión norteamericana, sino también el mantenimiento de la estabilidad regional y la consecución de una mayor influencia política; para China, cuyos últimos movimientos han estado orientados a alejar a EEUU de las cuestiones asiáticas (políticas y económicas) y de sus organizaciones regionales, presentarse como la potencia regional capaz de garantizar su progresión y la seguridad de Asia, es un importante objetivo a conseguir.

Es en el Sureste asiático donde se ha producido la evolución más significativa en la creciente influencia china en Asia, Beijing arrastra un complejo legado histórico en la sub-región, derivado de su apoyo a guerrillas comunistas en otras épocas, de su enfrentamiento con Indonesia y otros países por su tratamiento de las minorías chinas y como consecuencia de varias disputas territoriales. En los últimos años, la preocupación del Sureste asiático es fundamentalmente económica: la República Popular se ha convertido en un importante competidor y en el principal destino de las inversiones extranjeras.

Así mismo EEUU, intenta aprovechar esta realidad para mejorar sus relaciones en la zona y garantizarse aliados económicos y estratégicos; es por ejemplo el caso de Indonesia, considerada hoy por hoy como una voz de moderación en el mundo islámico; por ello, las nuevas relaciones entre estos dos actores regionales, se enmarcan en la guerra contra el terrorismo emprendida por Norteamérica desde el 2001, teniendo en cuenta que Indonesia se trata de la nación de mayor población musulmana del mundo y que ha sido golpeada en los últimos años por varios atentados terroristas relacionados con Al Qaeda. Para EEUU tener a mano su colaboración es fundamental a la hora de hacer ver al mundo árabe que cuenta con apoyos como este, lo cual demuestra que su guerra es contra el terror y no contra el Islam.

Con la India, los lentos pero sostenidos esfuerzos de Beijing a favor de un mayor acercamiento han quedado parcialmente en suspenso como consecuencia de la guerra contra el terrorismo y las aproximaciones que los EEUU han llevado a cabo de unos años a esta parte al gobierno indio. La política estadounidense hacia la India siempre había estado diseñada en clave regional, es decir, en función del papel preponderante que ese país ha desempeñado en Asia meridional y en su condición de parte en el conflicto indo-pakistaní. Tradicionalmente, EEUU ha tenido un trato preferente con Pakistán, como país bajo su área de influencia frente a las afinidades pro-soviéticas de la India, y esa relación ha cobrado un nuevo impulso tras el regreso de Washington a Afganistán, ahora en su lucha contra el terrorismo de al-Qaeda. Así en este contexto, el argumento más recurrente para explicar el novedoso entendimiento entre EEUU y la India hace referencia al deseo de Washington de situarla bajo su área de influencia para contrarrestar el creciente peso que en términos económicos, aunque también estratégicos, está teniendo la República Popular China; además Washington observaría con gran preocupación el eje Nueva Delhi-Pekín (y posiblemente Moscú), que desplazaría el poder estadounidense de buena parte de Asia, y constituiría una amenaza a sus propios intereses energéticos en Asia central.

En el noreste de Asia, China hace frente a unas complicadas relaciones con Tokio y a la crisis nuclear abierta por Corea del Norte. Ambas países están detrás de una estrategia que ha conducido a una transformación sustancial de la relación entre China y Corea del Sur

. Desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 1992, Beijing se convenció que la mejor manera de influir en los términos de una futura reunificación de las dos Coreas sería estrechando sus intercambios con Seúl. De ese modo podría eliminar cualquier amenaza potencial proveniente de la alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur y al mismo tiempo, reducir la posible influencia diplomática de Japón en la península.

Respecto a corea del norte, China es su principal aliado estratégico, es el estado que mayor influencia puede ejercer en este régimen comunista, y ello es importante, pues China puede conservar su influencia e importancia regional en la resolución de los principales conflictos, y al mismo tiempo restar a EEUU la imagen de pacificador y estabilizador indispensable. Pero China quiere un entendimiento e incluso una unificación de las dos coreas, aunque no apuesta por un proceso rápido sino por un proceso paulatino; que EEUU pudiera apuntarse el tanto de la reunificación a su favor, no encajaría con los intereses chinos.

Así mismo cabe señalar que EEUU tiene que reaccionar ante la actitud ambigua que se viene adoptando desde Seúl, pues su enorme dependencia de China, unido a su subordinación en materia militar de EEUU, la coloca en un dilema de difícil solución; una creciente cooperación entre las dos coreas favorecería el ambiente de Asia-pacífico, pero ante el conflicto nuclear existente, perece complicado lograr avances en este terreno; Corea del Norte optó por la estrategia nuclear, para mejorar su posición regional y también su posición frente a EEUU, pero al mismo tiempo necesita abrirse económicamente, para garantizar su estabilidad, lo que hoy por hoy parece difícil.

En cuanto a Asia Central, China asegura que EE.UU no se retirará fácilmente de Afganistán, o de Asia central y meridional. Al lanzar la guerra antiterrorista, EE.UU ha obtenido acceso militar a Pakistán en el sur de Asia, con quien ha mantenido unas históricas relaciones de alianza, si bien es cierto que hasta ahora básicamente han estado centradas en el terreno militar, en el futuro podrían progresar hacia nuevos espacios, debido a los esfuerzos reformistas y tendentes hacia la democracia que Pakistán está demostrando; también EEUU ha logrado acceso a Uzbekistán, Tayikistán y Afganistán en Asia central. Afganistán es el centro donde confluyen todas las vías de comunicación de Eurasia central y por lo tanto, reviste gran importancia estratégica. Para EE.UU. el control de Afganistán y Asia central podría permitirle la expansión de la OTAN hacia el este, a la vez que sirve de vínculo a las fuerzas militares de EE.UU en Europa, especialmente en Turquía, y en la región de Asia Pacífico. En ese caso, EE.UU podría arrebatar espacio estratégico a Rusia en el norte y amenazar la seguridad del oeste de China por el este; mientras que por el oeste podrá contener a Irak e Irán, proporcionando así ayuda coordinada a sus tropas en Oriente Medio, a la vez que mantiene vigiladas a las dos potencias atómicas, India y Pakistán, por el sur. Todos estos movimientos son esperados por China, que por su parte, se esfuerza por aproximarse e incrementar la cooperación con los estados de la zona aliados de los EEUU o que tienen compromisos militares y económicos con la súper potencia.

En definitiva, dueño de una posición clave en la región de Asia Pacífico, EEUU ha tomado, por primera vez, espacio estratégico en la India y las áreas de unión de Asia Central y el Medio Oriente, llenando el espacio estratégico dejado por la Unión Soviética después de su desintegración, sin que llegara a ser ocupado por Rusia. Por tal motivo, China tendrá que ser hábil para aprovechar los pocos espacios que los EEUU le han dejado para extender su influencia en Asia y reducir la posición norteamericana en el territorio.

En lo económico, tres son las potencias en la región asiática: EEUU, superpotencia económica con una fuerte presencia militar; Japón, que ha liderado la economía de Asia oriental durante medio siglo; y China, potencia sin paliativos en términos comerciales. Mientras las economías de EEUU y Japón presentan un perfil incierto por motivos diversos, seguramente la economía china continuará creciendo con rapidez en los próximos diez años.

Los vecinos de China creen que su emergencia provocará una alteración del equilibrio de poder. Una República Popular más fuerte reducirá la preeminencia japonesa, el papel de Estados Unidos como árbitro regional y redefinirá el curso económico y político del continente. Por esa razón, Beijing persigue una estrategia orientada a evitar que otros países puedan aliarse frente a una supuesta "amenaza china", económica o militar. En esa dirección, China se ha embarcado en un proceso diplomático que ha transformado sus relaciones con el Sureste asiático y con Corea del Sur. La preocupación por el potencial militar japonés, por otro lado, no ha desaparecido, aun más cuando desde EEUU se empuja a Japón hacia una nueva remilitarización, que contribuya de manera mas activa a los intereses estadounidenses, especialmente ahora que China esta dedicando una parte muy importante de su presupuesto para reforzar sus fuerzas armadas; en todo caso, los pronósticos sobre una competencia estratégica entre ambos países parecen, por el momento, poco probables.

Por otro lado, el nuevo regionalismo, se caracteriza por ser intra-asiático (AFTA, ASEAN+3, ASEAN China, acuerdos bilaterales) y se ha visto gradualmente institucionalizado. Así, por una parte, el centro de gravedad del regionalismo económico asiático ya se ha trasladado desde una APEC dominada por EEUU hacia ASEAN+3”, en la que se está desarrollando una mayor ayuda financiera por parte de los países ricos y también en acuerdos sobre energía, alimentación o inmigración laboral. Por otra parte, la institucionalización del regionalismo de Asia oriental confirma que la región se está constituyendo, por vez primera, como un bloque de expresión política en el mundo. Los países de Asia oriental se están juntando para crear sus acuerdos económicos propios. El resultado es que, por primera vez en la historia, el mundo se está convirtiendo en una configuración de tres bloques, EEUU, Europa y Asia. Sin duda, que esta evolución de los acontecimientos se mantenga o incremente, contravendría enormemente los intereses de Estados Unidos, y sus posibilidades de mantener su condición de hegemón.

Lo cierto, es que las relaciones de los países en el área del Asia Pacífico son complejas y no es posible visualizar con claridad lo que podría suceder a futuro. Sin embargo lo que parece innegable, es que China se proyecta como una potencia mundial durante la segunda década del presente siglo y eso producirá un nuevo orden entre las relaciones de las potencias hegemónicas.